lunes, 14 de octubre de 2013

El sepultero

Le dije, no jodas !!! - en arameo - 
mi sutil forma de  mencionar el nombre de un medicamento y hacerlo parecer inofensivo, Por su sangre no corría ningún espíritu de su "loable" profesión, hacia gala de su cinismo y fugaz elocuencia.

Elegí un lunes para creer que no se había inventado siquiera el telégrafo, y lo sucedido se movería entre las sombras de 1560. Yo el aprendiz y él un médico sin motivación mas el que agrandar su feudo, el que sin escrúpulos quitaría la vida de un ser amado y la vendería a cambio de vanidad,  "el sepultero".

Su labor la aprendió de una costurera, que en las mañanas jugaba con el algodón que entrelazaba formando una colcha para bebé, y de noche era la indomable e infalible partera de la viña del norte. El pequeño Hector remordisqueaba impertérrito las sucias sauces del enmarañado, Ese fue su hábito desde los 2 años en el que sus padres lo dejaron con Penelope, la costurera de la hacienda La Esmeralda, donde los padres de Hector se habían jurado amor por toda la eternidad pero que un día vería su fin al descubrirse el origen extramatrimonial de los risueños amantes. Hector sólo era una victima inocente .... to be continued


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